Capítulo II

26.07.2019

Siempre imaginaba que el sol tenía dos caras y que yo solo veía como él ve con una de ellas, mientras desconocía todo lo que observaba con la otra. Mi débil mente no podía pensar con claridad debido al ruido que me rodeaba. Cuando me senté para ver lo que sucedía, solo me encontré con una realidad distorsionada a causa del efecto del sol en mis ojos. Fue entonces cuando sentí un pelotazo en mi cara.

–¡Weón! ¿En qué mundo estás? –escuché. Le siguieron muchas risas, incluida la mía.

Ese día pensaba decir que estaba lesionado, pero después de reflexionar llegué a la conclusión de que era muy pronto; no había hecho ningún esfuerzo desde que habíamos llegado y difícilmente creerían que me lesioné durmiendo. Por ello, decidí unirme al juego. Además, se les había ido un jugador; que no conocía, por cierto. Busqué entre las caras a Coni, pero no la vi. Solo descubrí a otro chico que tampoco conocía.

–¡Hola compadre! –le dije. 

Su nombre no me interesó, supuse que se iría luego y que nunca más lo volvería a ver.

Hice equipo con el galán de Elías y pensé que ganaríamos, pero me equivoqué, el tipo desconocido era muy bueno para el voleibol y Pablo resultaba ser un buen compañero.

Finalmente, por haber perdido, tuvimos que meternos al agua de los primeros, lo que no fue una difícil penitencia porque el calor era insoportable.

Seguimos jugando en el agua, y en eso distinguí a Angélica entre las olas; de cerca se veía aún más hermosa y la briza hacía que pareciera una perla danzando al son del mar. No sé con qué cara la estaba mirando, pero el chico desconocido se me acercó y dijo:

–Esa chica será mía, no la mires mucho.

Lo miré como diciendo ¡estás loco!

–Es mi más fuerte rival en surf –contesté con seguridad–, no me interesa para nada más que ganarle. Es toda tuya, necesitará a alguien que la consuele cuando obtenga el segundo lugar en las olimpiadas.

Después de decir eso, tuve que reír, ya que todos me miraron con cara de asombro; no sonó a algo que diría yo. 

Cuando ya se estaba poniendo el sol, el chico desconocido se me acercó nuevamente.

–Soy Tito, para los amigos –me dijo dándome la mano. Luego se dirigió a todos– Nos vemos a las once en la pista Tomiton.

–Allá estaremos –dijo Coni, que se había integrado a nosotros hace un rato.

–¿Cómo es que lo conoces? –le pregunté a Coni.

–Éramos compañeros en la escuela de deportes.

–La vida da muchas vueltas –dijo Elías.

–Yo diría "el mundo es un pañuelo"–refutó Pablo.

© 2020 por Estefanía Hernández Martínez. Todos los derechos reservados.
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